martes, 6 de abril de 2010

Jamie Oliver y su restaurante Fifteen Londres


¿Cómo surge la afición por cocinar? En mi caso Jamie Oliver fue una pieza clave en el desarrollo de mis intereses y habilidades en la cocina. Por eso, he decidido dedicar esta segunda entrega a este simpático, joven y controvertido chef inglés.
Tengo muchos años cocinando y siempre he sentido una fuerte curiosidad por recetas e ingredientes, recuerdo siempre preguntar a mi madre ¿qué ingrediente es ese? ¿Cómo se prepara ese plato? ¿Pican demasiado esos chiles?
Aprendí de mi madre todo lo que pude, principalmente de platos mexicanos e ingredientes típicos de mi tierra así que cuando comencé a vivir fuera de México, y en particular en España, las preguntas y las ideas comenzaron a saltar inmediatamente.
¿Cómo se utilizan esos espárragos? ¿Cómo se limpian y preparan las alcachofas? ¿Qué sabor tienen los níscalos? ¿Cómo se logra una tortilla jugosa y poco cuajada?---esta pregunta sigue sin respuesta---En fin que había tanto que aprender y tantas dudas que responder.

Obviamente, ante productos nuevos, también hace falta saber prepararlos para extraer de ellos lo mejor de sus propiedades. En esta ardua pero maravillosa tarea ayudaron nuestros queridos amigos españoles, en particular Amparo y Charo---ambas excelentes cocineras con tradiciones totalmente distintas: Valencia-Andalucía en el primer caso; Castilla-León en el segundo---y Jamie.

A Jamie Oliver le conocí por la televisión mexicana, en un programa llamado The Naked Chef. Recuerdo que llamó mi atención lo joven que era y la forma tan sencilla de sus explicaciones y recetas.

Cuando llegamos a Madrid, encontré un nuevo programa de Jamie en el canal cocina. Al principio, A. refunfuñaba porque lo obligaba a verlo, pero poco a poco se enganchó a tal grado que durante el primer año que pasamos en Madrid, incluimos al menos una receta de Jamie a la semana en nuestras comidas.

Total, que cuando planeamos nuestro viaje a Londres el verano pasado, y en compañía de mi madre que nos visitaba de México, incluimos una visita a su restaurante Fifteen. Esta es la narración.

Fifteen es un proyecto que surgió con la finalidad de ofrecer a jóvenes poco favorecidos la oportunidad de conocer y hacer carrera en el negocio de la restauración.

Elegimos el menú de precio fijo, el cual en aquel momento pensé que sería una buena opción para conocer la cocina del lugar. ¡Ojo! para los que como yo se inician en esto, el menú de precio fijo no es lo mismo que el menú degustación. El primero es un menú generalmente a buen precio que ofrece entre dos o tres platos, mientras que el segundo es un menú elegido por el chef en el que intenta dar una visión global de su cocina.

Fifteen no tiene un menú degustación para el almuerzo. Esto no es ni bueno ni malo, sólo es así. Lo importante es saber que las especialidades del lugar no precisamente estarán en el menú de precio fijo. Lo anterior es importante porque después de probar el menú y entender las diferencias antes mencionadas, me queda claro que debimos haber pedido a la carta.

De primero mi madre y yo elegimos una insalatta caprese y A. se decantó---como buen amante de la pasta que es---por una lasagnette. La primera, como se puede observar en la foto, estaba elaborada con tomates cherry, mozzarella y albahaca; aderezada con un buen aceite de oliva y sal. Un plato sencillo y elaborado con buenos ingredientes.

El tomate cherry tiene un gusto más dulce que los tomates grandes que comúnmente se utilizan en la manufactura típica de esta ensalada. La dulzura del cherry mezclada con la acidez del mozzarella y el aroma de la albahaca crea una combinación interesante. La lasagnette de A. pasó sin pena ni gloria.

De segundo A. y yo elegimos la panceta rostizada lentamente con una salsa hecha a base de chocolate y calabaza. El mejor plato por mucho.

El cerdo que utilizan al parecer es una variedad especial de una granja llamada Sillfield. Los trozos de cerdo estaban en su punto. A la primer mordida crujía la piel bien dorada y en cuanto se degustaba la carne se derretían en la boca, luego esta sensación daba paso a la dulzura y textura de la calabaza; y al final el toque amargo y fino del chocolate.



Mi madre eligió una especie de lasagna de berenjena que sin ser extraordinaria cumplió. A manera de comparación, A. opina que la versión neoyorquina: eggplant parmesan, es más sabrosa---por ejemplo, el eggplant parmesan de Milano Market, Broadway entre la 112 y la 113, “y en sándwich, mejor!”.

De tercero elegimos para compartir una tabla de quesos, un mousse de chocolate con crème fraîche y moras maceradas en licor de moras negras, y una panna cotta de lavanda. Esta última soberbia. Era cremosa, dulce y floral. No recuerdo haber comido antes una panna cotta que me gustara. Siempre me había parecido un postre soso y jamás, ni por error, se me ocurría pedirla. Probar la panna cotta de Fifteen me hizo reconsiderar mi opinión por este típico postre italiano.
Todo lo anterior estuvo acompañado de un vino Dolceto d’Alba sugerencia de la excelente sommelier del Fifteen. Una mujer simpática y muy acertada que está dispuesta a explicarte cada detalle de las opciones que tienes y de tu elección.

































Para hacer un balance final, creo que la clave está en contestar ¿Volveríamos a Fifteen en nuestra próxima visita a Londres? A. no sabía que contestar y finalmente ha dicho que preferiría conocer el otro restaurante de Jamie Oliver---Jamie’s Italian. Yo volvería a Fifteen pero primero quisiera conocer Jamie’s Italian y probar el famoso Truffle Tagliatelle del que he escuchado excelentes críticas.

1 comentarios:

Sara dijo...

Mi querida Claus, qué gusto leerte en tus aventuras culinarias, y qué envidia de todas las maravillas que estás probando. Le voy a pasar la dirección de tu blog a Marco, quien seguro tendrá mucho que decir!! Besos

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